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12 horas para firmar Sin comentarios


Sólo digo que me extraña.
Entre las actividades de Enpresa Digitala encuentro un “Curso sobre la aplicación y uso de la firma digital“. Para el estándar de este tipo de actividades en Enpresa Digital, 12 horas son realmente un curso amplio.
Ya en su día sufrí a la Administración (gracias, Alberto, por darme luz en torno a la mayúscula inicial) y sucumbí en el intento de ser un ser digital para el Estado, a través de un farragoso procedimiento que incluía a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, gracioso organismo donde los haya, tilín, tilín.
Pues bien, parece que firmar digitalmente y sus implicaciones no es tan fácil. Buff, ¿será burocracia armada? No, son sólo seres que buscan cumplir con su deber, funcionarios que quieren tener un empleo; eso y nada más que eso. Fermín Muguruza ya dijo algo parecido en una colaboración con Albert Pla, encantadoramente incorrecto.
Por si acaso, firmo.

Colores de otoño 1 comentario


Pues no podíamos dejar de reconocer que, además de intentar generar organizaciones hayedo, en sí mismos, estos árboles encierran belleza.
Ahí dentro está la energía. Nadie tiene que venir a mover nada. Funciona… porque sí.
Disfrutad, que esto va rápido.

Hayedos o jardines, dos enfoques diferentes 5 comentarios

Ayer tuve ocasión de compartir preocupaciones con alumnos del Máster de Dirección de Producción de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Mondragón. Hoy otra vez con un cliente. De nuevo tengo que agradecer a toda esta gente con la que compartir viaje y de la que tanto aprendo.
Ayer y hoy, los dos días, una idea ha estado sobrevolando gran parte de mi trabajo. Muchos directivos se quejan amargamente de que se perciben a sí mismos tratando de impulsar proyectos que, por defecto, no parecen contar con la ilusión de quienes los van a poner en práctica. Es la vieja historia de perseguir algo de forma constante para mantenerlo vivo, de insistir una y otra vez, de marcar de cerca porque, si no… muere lentamente. Esta idea la manejamos ya antes en el post de la radicalidad, pero ahora, casualmente, leyendo algunas cosas sobre los hayedos, he encontrado otra razón para impulsar la autoorganización y la participación desde el origen mismo de las cosas.
Me queda claro que todo aquello que intentemos desde la dirección es material susceptible de desencadenar el famoso: “De momento no, luego ya veremos”. Lógico, la gente se defiende como puede.
¿Cómo creamos jardines? Con esfuerzo, con dedicación, regando, cuidando la tierra, cortando el césped, podando los árbolitos, quitando malas hierbas. Con dedicación, con horas. Con insistencia, sin descuidarlo. Porque sabemos que si estamos una semana sin dedicarle tiempo, la entropía negativa se lo carga. Hay que introducir energía desde fuera, porque para nuestros ojos, el jardín, en tanto que artificial lo mantenemos nosotros. No se mantiene a sí mismo.
¿Cómo funciona un hayedo? A partir de unas condiciones mínimas básicas (una altitud y un determinado nivel de humedad) actúa como un auténtico sistema que genera y consume la energía que necesita. Las hojas más altas de las hayas están dispuestas verticalmente, las más cercanas al suelo lo están de forma horizontal para retener el agua. Al llegar otoño, comienza la caída de la hoja. Se van acumulado en el suelo, retienen hasta 15 litros de agua por metro cuadrado y comienza el camino de la putrefacción. Este es el alimento que necesitan para mantenerse. No hay intervención externa que introduzca energía, al margen del sol y el agua naturales.
Pues bien, parece que el modelo imperante es la empresa jardín. Bonita, presentable, bien arreglada en su imagen exterior, pero sin capacidad de generar en sí misma la energía que la mantenga.
Esa energía, tan desagradable en ocasiones, es la que se disfraza de seguimiento y evaluación, de acciones correctivas, de análisis de problema-causa-solución, de indicador en el cogote, de arengas al vacío, de las personas sois lo más importante, de
proyectos 5S con becarios, de SMEDs que nunca cumpliré en cuanto te des la vuelta. Esa energía es la que no existe dentro porque la empresa se ha desnaturalizado, ha perdido su lógica y ha repartido poder de forma tan asimétrica que ahí no hay quien se aclare. Mientras tanto, no pasa nada porque en otoño las hayas se queden sin hojas; el ciclo no se detiene. Las hayas pueden desarrollarse en terrenos hostiles porque generan su propio alimento. Desde dentro. Ahí hay que entrar.

Brechas y modelos mentales 5 comentarios

Vale, quizá estoy un poco pesimista y la lectura de este post puede agravar estados emocionales delicados. Tú verás si sigues adelante.
Consumer, el brazo tonto de la ley Eroski, tiene una serie de portales para divulgación, entre ellos uno de tecnología, y he estado echando un vistazo a su infografía (utilizo la palabra sin saber muy bien su significado, lo reconozco) sobre el famoso poryecto del portátil de 100 dólares que los seres pensantes del MIT han propuesto. Utilizan el argumento de … para romper la brecha entre ricos y pobres. 100 dólares parece que es la frontera entre hombre rico y hombre pobre, entre niño europeo peinado con raya y niño negro con hambruna. 100 dólares, no está mal. Parece que 50 países del quinto o sexto mundo en África tienen una renta per cápita de menos de 500 dólares. Los niños con hambruna explicarán a sus progenitores el porqué de dedicar una parte de los ingresos al portátil con Wi-fi y pantalla de tinta electrónica.
Pero por aquí también hay brechas y no precisamente digitales. Sí, por nuestro entorno empresarial, en el de las certificaciones ISO9000, efekuemes, catorcemiles y expresiones similares. A saber, en las organizaciones tapón:

  • dirección unida decide… y resto de la población debe ser convencida
  • cliente rey pero cabrón (perdón)… y proveedor que odia cliente
  • comercial interactúa con cliente… y el resto de la población escucha las mentiras que nos cuentan sobre los clientes
  • dirección tiene trabajo atractivo y recompensante… y el resto de la población tiene trabajo como castigo divino para ingresar pasta y pagar el préstamo de la casa
  • dirección hace coaching… y resto de la población cursos (fuera de horas de trabajo, por si acaso)
  • unos piensan y otros hacen… lo que los otros han pensado… y sin entender por qué esos otros no hacen lo que piensan
  • unos fabrican desconfianza y personas enfrentadas… y otros se enfrentan y desconfían de quienes les dan trabajo

¿Será que Dios da pan a quien no tiene dientes?
Otro día espero poder hacer una lista de paradigmas, modelos mentales o similares asuntos, por los cuales me parece que me agarro a la radicalidad como a un clavo ardiendo, antes de que sea demasiado tarde.
Radicalidad: ¿Vender ordenadores portátiles a 100 dólares? No, mejor montar cooperativas allá para fabricarlos, ¿no? Porque, por un principio de multiplicación por cero, es fácil considerar que los ordenadores de 100 dólares los fabricaran niñas de 8 años en cualquier país subcontratado por occidente.
Me voy a parar, que lo mismo bajo a arrancar adoquines a la Gran Vía.

Lo dice la radio… lo dice el ERP Sin comentarios

En mi casa siempre oía aquello de “lo ha dicho la radio”, con gesto serio, para transmitir la infalibilidad de lo que se atestiguaba. La radio seguramente era la vía de autoridad cuando faltaban otro tipo de informaciones. La tecnología impregnaba de respetabilidad al medio y con toda probabilidad proporcionaba al humano la creencia de que por allí no podían llegar tonterías, sino auténticas verdades universales.
La incorporación de nuevos medios de comunicación, la explosión del acceso a múltiples fuentes de información ha cambiado radicalmente el panorama. Ahora estamos más ante un problema de captar la atención. Y es que si no te escuchan ya puedes decir misa. Te quedas sin feligreses, compañero/a.
Pero creo intuir el advenimiento de una nueva era en el confuso mundo de las verdades universales. Son los
ERP. Disfrazados de “yo no miento, mira lo que dice BaaN”, “a mí no me digas, son los datos de SAP”, me parece asistir a una nueva era.
Lo dijo Blas, punto redondo. Lo dice el ERP, con la iglesia hemos topado. Menos mal que empieza a haber ácratas de código abierto en este tipo de cosas.

118 ideas son pocas 3 comentarios

Algún día alguien demostrará científicamente que los límites que tenemos los humanos son sólo aquellos que nos hemos fabricado. Ayer asistí a otra demostración preciosa de que un límite es un referente, algo que provoca una cierta adecuación al mismo. Lo podemos llamar también objetivo, meta o similar.
En un proyecto en el que trabajo actualmente hemos identificado un techo un tanto peligroso: la primera línea de la cuenta de explotación. Vemos problemas en romper al alza las cifras de ventas. Y creedme que es una situación que angustia para no entrar en la dinámica de la multiplicación por cero, de la que ya hablamos en un post anterior.
Hemos decidido volcar toda nuestra razón y toda nuestra emoción en buscar ideas para vender más. Lo comentamos en nuestro equipo tractor (un grupo amplio que comparte una vez por semana preocupaciones y que trata de inyectarse energía en vena para mejorar la gestión y conseguir resultados positivos). Focalizamos en este objetivo y decidimos pedir a la gente, organizada en cuatro grupos, que nos aportaran ideas. Y colocamos una referencia: teníamos que conseguir al menos 100 ideas para vender más.
El viernes pasado fue llegando el trabajo de los grupos. Ayer lunes 24 por la mañana las pusimos en común y tenemos finalmente 118 ideas. Alguien dijo que no esperaba llegar a estas cifras. Y a mí sólo se me rondaba una idea por la cabeza todo el tiempo: ¿por qué no dijimos que teníamos que aportar 250? Seguramente ahora dispondríamos de 321. Por eso, inyectada energía en un equipo, jugar con objetivos numéricos es sólo una referencia. Lo irracional se vuelve accesible, el límite “real” que alguien dibujo es mentira.
118 son pocas ideas para vender más. Otra vez hay que ser más radical.

Liveplasma avanza Sin comentarios

Ya he comentado aquí mi absoluto enamoramiento con Liveplasma. Y cuando veo otros ejemplos de visualizar información de esta manera el asunto sigue muy vivo.
Siendo justos, creo que del campo del análisis de redes sociales nos pueden llegar muchas cosas interesantes. De entre la larga de lista de probaturas con listas de correo que llevo, desde luego que una de las más interesantes son las conversaciones en torno a la lista de José Luis Molina.
Pues eso, que otra aplicación de la visualización de redes respecto al blog en el trabajo puede estar aquí. En general, este sitio me resulta muy, pero que muy atractivo.
http://news.com.com/

Querido usuario, potencial enemigo Sin comentarios

Hubo un tiempo en que había informáticos y había usuarios. Los unos sabían de informática (los que sabían) y los otros sabían de lo suyo (los que sabían). Antes, claro está, hubo un mundo sin informática, pero de aquello hace ya muchos, muchos años… En aquellos primeros tiempos de los informáticos, sí, aquellos que habían estudiado Informática, empezaron a existir los ordenadores. A mí me han contado que había informáticos sin ordenador en casa, pero creo que exageraban. Fue entonces cuando las personas encargadas de la limpieza cogieron respeto a aquellos aparatos y no cualquiera podía pasar un trapo sobre el teclado, sino sólo personal cualificado para ello. Podía perderse la información o bien provocar una explosión. Como con los médicos, hubo pacientes aquejados de males sólo comprensibles para los informáticos.
Pero empezaron a nacer seres humanos… en un mundo donde ya había ordenadores. Entonces surgió el usuario torpe, capaz de colgar la red él solito sin ayuda de más recursos. Comenzó por comprar revistas de informática y desarrolló el hábito de consumo que hoy le lleva a pasar las tardes en el PC City, Media Markt u otro antro similar. El usuario pasó a ser enemigo. Cuanto más sepa, más peligroso. Esta etapa de guerra, con varios frentes activos, continúa hasta nuestros días.
El informático ha conseguido superpoderes y ya nadie puede instalar salvapantallas de Torrente. Sólo faltaba eso.
Hoy el informático es una persona de edad que le da a su niña de 8 años el mando del video cuando se le desconfigura el bendito CSI. Ya no entiende qué es lo que ha pasado. Se pregunta qué es lo que él hizo mal para que tan poca gente le salude hoy por la calle. A veces echa un vistazo en una web que le mostró un día su chaval de 11 años. “Mira, mira, cómo las carracas vuestras de antes“.
Quizá haya que recuperar el buen tono de una relación deteriorada. El enemigo pasa a ser cliente… aunque para algunos, muchos clientes sigan siendo los peores enemigos. Y es que no hay como tener poder para perder el norte.

a desalambrar punto com 1 comentario

Por lo bonito del concepto y el reconocimiento que este tipo de gente se merece, paso un post al respecto. Los que andamos en bici solemos encontrar curiosas fronteras “físicas” que a veces impiden el paso.
Cuando hablamos de comunicación, los caminos desempeñaron antaño ese papel en la sociedad. Veredas, caminos empedrados, cañadas eran los lugares por los que las personas se comunicaban. Aquellas limitaciones físicas parece que quedan muy atrás. Pero también es cierto que para recorrer el camino, hay que iniciarlo, hay que querer recorrerlo.
Como antes no había polución informativa, seguramente el cuello de botella estaba en el camino. Si no había camino, no había comunicación. Pero no había muchos caminos.
Hoy hay cada vez más vías de comunicación (en su sentido más amplio). Y surge la duda de si tantas vías invitan a adentrarse en el camino. Los caminos son tantos que obligan a elegir. Y no sólo eso, cuando haces un camino tienes que medir el tráfico para saber de su utilidad. Antes, cuando no había camino, no cabía lugar a la duda: tenías que pasar por él.
Hoy viejos caminos “físicos” han sido machacados por la sociedad del conocimiento, que necesita cada vez más ancho de banda. Pero, otra vez pasa lo mismo, qué encanto tiene recorrer estrechos senderos con la bici. En la dificultad del tránsito está el placer de recorrerlo.
No me quiero poner meláncolico. Pero es un pequeñín reconocimiento a gente que se lo trabaja:
http://www.adesalambrar.com/

Bancos, funky business del siglo XXI 2 comentarios

Reconozco que desde que recuperé buena parte de mi tiempo, soy un peligro. Mi voz de consumidor, cliente y ciudadano se está desatando. No perdono una. He iniciado una particular cruzada contra mi entidad de crédito, Caja Laboral. Supongo que será como otras, vivirá peligrosamente en el riesgo, al borde de la legalidad. Quiero decir al borde de cometer actos delictivos con sus clientes, de robarles, vamos.
Caja Laboral ha virtualizado, como otros bancos, una serie de servicios. Su Caja Laboral Net es mi puerta de entrada a las transacciones económicas. Utilizo mi tiempo en listar un extracto, ordenar una transferencia, consultar un recibo y cosas por el estilo. Hasta hace poco al ordenar una transferencia, podías enviar un SMS o un correo electrónico al destinatario para avisarle de que esa operación estaba hecha. Lógico.
Pues Caja Laboral ha decidido, entre otras cosas, cobrar una comisión de 0,05 euros (8,3 pts) cada vez que envias un correo electrónico avisando de la transferencia al destinatario. Por supuesto, es el cliente el que introduce la dirección de correo electrónico y el que pincha sobre un botón de “enviar”. Caja Laboral no hace nada. El cliente desencadena el proceso. El cliente lo hace todo: introduce los datos del destinatario, la cantidad, su dirección… y nos cobran por ello.
Tras un par de entretenidas conversaciones epistolares con mi director de sucursal veo que la máquina de hacer dinero en occidente, ajena a vaivenes de cualquier tipo, es el banco. Seguramente un concepto muy cercano al del ladrón que a base de pequeños hurtos va haciendo caja. Miserias de la vida.
Caja Laboral me cobra por un trabajo que antes hacían ellos. Interesante concepto. Tengo que repasar si esto un negocio funky. Los bancos, ¿funky business? Joder con el karaoke capitalism. Los banqueros, unos artistas, oigan.
Por cierto, El proceso de Kafka puede experimentarse de forma gratuita a través de una conversación con el Servicio Defensor del Cliente: servicio.defensor.del.cliente@CajaLaboral.es

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