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Colaborar en el ciberespacio 3 comentarios

Cada vez encontramos más herramientas que tratan de colocar en el plan virtual lo que en la realidad puede considerarse como un buen trabajo de equipo. Me surge la idea a cuenta de echar un vistazo en Writely. Se trata de una herramienta de trabajo colaborativo, o sea, del famoso Groupware, pero llevado ahora al plano de la ofimática mundana, o sea, lo de escribir en Word, o, mejor, con Open Office (por cierto, el enlace ahora mismo no funciona). Leed algo más si queréis en Enpresa Digitala.
¿Cómo construimos un documento? Parece que si son varias las personas que intervienen, hay campo para que nazcan, crezcan, se desarrollen y mueran numerosas herramientas colaborativas. Tú empiezas, yo añado, otra nos lo machaca, volvemos al principio, cambiamos el enfoque…
Es lo mismo que sucede cuando Blogger te invita a que le dejes entrar en la sacrosanta casita del Word, sí, sí, el de Microsoft. Todos parecen estar empeñados en entrar en nuestras vidas. Pero si lo comento aquí es porque creo que una idea básica para el éxito de estas herramientas: tienen que introducirse en la cocina (si es que era allí donde antes se pasaba tiempo, que no ahora). Son herramientas que deben colocarse en el plano del uso habitual, del día a día, de “lo que no cuesta porque ni te enteras que estás con ello”.
Por eso esto del Writely o del Blogger enchufado al Word parecen nuevos intentos de que las cosas sean fáciles y cómodas. Y como humanos que somos, a veces nos gustan cómodas y, a veces, vamos mejor por el camino de las tortuosas herramientas de manuales más allá de las 500 páginas. Sarna con gusto no pica.

Personalidad e información 3 comentarios

Ayer tuve una conversación muy interesante, como siempre, con Alberto Echeandía. Estuvimos un buen rato hablando de médicos e información. Tema delicado, pero en el que creo que los pacientes siguen siendo pacientes, muy lejos todavía de dar el paso a clientes.
Cuando me volvía en el coche, otra vez gran lugar de reflexión, estuve considerando la necesidad de que en los habituales análisis de personalidad incorporemos cuanto antes el elemento de gestión de la información. Referido al caso de la medicina, por ejemplo, supondría que determinados pacientes pueden experimentar una auténtica mejoría si disponen de determinada información sobre su estado. Evidentemente, para otros puede suponer una caída más profunda y vertiginosa en el agujero de la depresión. El sistema, como siempre, en su más pura versión igualitaria y justiciera, se refugia en la estadística: usted tiene un x% de probabilidades de salir adelante si la terapia es A, un y% de probabilidades si la terapia es B…
¿Cómo influye el manejo de información sobre la propia percepción de bienestar? ¿Saber algo es beneficioso? Lo que de interesante tiene esta discusión es que a priori aceptamos directamente que manejar o no determinada información influye en forma directa en la conducta.
En la empresa insistimos en que lo que no se mide (o sea, de lo que no se tiene información sobre su rendimiento) no se puede mejorar. Pero también es real el hecho de que si sabes que vas mal, te puedes hundir más deprisa… o no. ¿Habrá un perfil de empresas para las que la información es fuente de mejora, enfrentadas a otras en las que esa misma información es anticipo de desastres? ¿Las personas funcionan igual?
La información parecería actuar como elemento regulador. Pero en estos tiempos de caos y líos que uno no entiende, la información cobra otra función. Ralph D. Stacey en su librito Gestión del caos ya lo comenta. En las fronteras del caos, la información dispara la turbulencia… y de regular pasa a desestructurar aún más. Seguiremos enredando.
Por cierto, ¿qué os parece esta lista de galácticos? http://www.infonomia.com/grandes/

Estado del arte Sin comentarios

Estado del arte, concepto interesante (que alguien osado amplie descripción en wikipedia). Parece que es ley saber lo que se sabe en el mundo mundial cuando alguien quiere aportar algo novedoso a la comunidad (según parece es lo que se supone que un doctorando va a hacer). En algún lugar leí que más del 75% de lo que se investiga ya está investigado; sólo que no sabemos que está investigado. Así pues, parece importante antes de empezar, saber quiénes han enredado con nuestro tema y hasta dónde han llegado.
Pero me surge una duda, relacionada con el asunto de los genes y la sociedad. ¿Tenemos genes para desaprender? Es que esto de desaprender es complicado, os lo aseguro. Si no, comprobad cómo cuesta volver a respirar de la misma forma en que lo hacíamos al nacer.
Y esto combiando con que no tengo muy claro que poner encima de la mesa lo que hay sobre algo, sistemáticamente ayude. Porque a veces las restricciones mentales (otro día hablaremos de ellas) nos vienen de cómo se han hecho las cosas hasta ahora. Y es que muchos son los que han manejado este concepto, desde
Senge hasta Goldratt. Me quedo con lo que dice éste último en un libro curioso que recoge textos de unos cuantos gurús hablando del futuro (eso sí, hablaban del futuro desde el siglo pasado). Se trata de Preparando el futuro. Decía Goldratt: “En mi libro La meta destaco el proceso de mejora continua que se necesita cuando el eslabón más débil es de tipo físico (un cuello de botella en producción, por ejemplo). Desafortunadamente en la mayoría de las organizaciones el eslabón más débil no es físico. Es una política que se ha basado en un modelo de comportamiento.”
Mi duda es si el estado del arte nos introduce en modelos de compartamiento que limitan más que amplian las posibilidades. Claro que alguien decía que el saber no ocupa lugar. Creo que he llegado a un punto irresoluble… bueno sí, bueno… esto… menos mal que me quedan las benditas paradojas del amigo Charles Handy.

De nuevo la sensación: el problema está en la cantidad 2 comentarios

Toda aquella persona que haya iniciado el camino de redactar una tesis doctoral supongo que lo habrá experimentado. Como a mí me ha vueltro a entrar cierto desasosiego y tengo una vía de escape blog, utilizo el medio. ¿Alguien me oye?
Mi tesis doctoral requiere, para cumplir con el establishment del conocimiento, buscar información en la sacrosanta ISI Web of Knowledge, amén. Es este un ambicioso sitio protegido por muchas llaves cual cárcel de alta seguridad, no vaya a ser que algún humano de escasos recursos pueda acceder a lo que saben y escribe la clase investigadora. Y las categorías que me interesan, aunque no sé cuántas me dejo, serían:

  • Business. Hablamos de empresas casi siempre, ¿verdad?
  • Communication. No tengo que explicar nada, ¿no?
  • Ergonomics. Y es que máquinas y humanos comparten espacio, y parece que esta es la ciencia que se dedica a ello. Algo tendrán que decir de lo que pasa entre TIC y humano, ¿no?
  • Industrial Relations & Labor. Tradicional punto de vista de relaciones humanas en torno a las empresas en que nos movemos.
  • Information Science & Library Science. No es que hasta ahora hubiera tenido grandes amigos en los bibliotecarios, pero se ve que andamos en terruños parecidos.
  • Management. Sin comentarios.
  • Psychology, Applied. Personas, conductas, motivaciones, algo hay que hacer para comprender cómo y por qué los humanos enredan (o son enredados) con la información dentro de las empresas.
  • Psychology, Social. Seres humanos que interactuamos unos con otros porque así parece que venimos de fábrica. No puedo olvidar este campo, ¿no?

Pero el problema (mi problema) es que entre todas estas categorías localizo cientos y cientos de revistas. Y me surgen dos reflexiones:

  1. Encima, creo que lo que me interesa está entre los espacios que dejan abiertos los campos de todas estas categorías del saber. O sea, lo que creo que me interesa de verdad es lo que todavía no es “categoría”.
  2. Cuando la cantidad desborda, actuo irracionalmente para defenderme. Si localizo, serendipia querida, un artículo de un australiano que acaba de publicar algo que se acerca conceptualmente a mi interés, allá voy. Da igual si su centro de investigación está en el sótano de su casa. La casualidad nos ha encontrado. Planeta tierra hiperenchufado: esa suerte hemos tenido.

Por cierto, queda claro que el mundo es anglófono.

Tras el entusiasmo Sin comentarios

Entusiasmado con las conversaciones del post anterior, en mi clase de ayer, con el mismo grupo, estuve todo el tiempo conversando con los alumnos del asunto de los “sistemas”. Más aspero que el tema de la clases anterior y ya ves, fue mucho mejor. El sistema nos atrapó y hubo un no sé qué mucho más interesante en el ambiente. No diría que fue entusiasmo. Simplemente, que tuvieron que hacer cosas y ver qué hacían los demás.
Suelo utilizar un ejercicio que repito y repito (algún día habrá que hacer estadística). Me encanta. Se trata de una especie de “dilema del prisionero” pero más abierto, con más opciones. Las personas tienen que ir decidiendo cuánto aportan, manejando información de lo que hacen los demás. Y fue glorioso.
La información que reciben les sirve para decidir. Pero pueden asimilarla como procedente de individuos (o sea, persona a persona) o como procedente del sistema teórico que se conforma. También están condicionados por mi comportamiento, porque intuyen que puede haber un tipo de respuestas más “correctas” que otras por lo que hago o digo.
Es evidente que abrimos cauces para hacer, implicarse o entusiasmarse (allá cada uno con sus genes y cultura) cuando las personas tenemos que tomar una postura activa y veo a mi alrededor otras posturas que puedo comparar. La información ayuda a regular hacia dónde dirigimos la conducta. Supongo que estoy hablando que el medio que me rodea condiciona mi conducta… o, mejor, que conforma un sistema. ¡Eso es! Genes y cultura conforman un sistema.
Serán ya quizá diez las ocasiones en que, con algún pequeño matiz, he realizado este ejercicio. Y aventuro algunas conclusiones:
1- Es fácil generar sistemas que influyen en las personas, sin necesidad de una acción directa coercitiva o recompensante para modificar comportamientos.
2- Son muy pocas las personas capaces de mantener coherencia en su conducta. Varía claramente de acuerdo a como lo hace el sistema.
Información y teoría de sistemas. Y personas, con sus genes y su historia por detrás, además de una situación de laboratorio donde uno como profesor no deja de ser otra variable condicionante.
En fin, me viene a la cabeza otra de las simplezas para crear ¿entusiasmo? Vuelve a ser la famosa empatía. Habrá que ponerse en su lugar para tratar de entenderles. Y eso sí; también reconozco que, a veces, da igual. Pero hay que ser Argiñano, monstruo del medio, para pensar que en ti está la gracia. Si no eres así, empatiza, empatiza, que parece cosa sana.

Otra vez 7 comentarios

Disculpen la ausencia, me fui a otro mundo, alejado del europeo. Al volver y tomar directamente contacto con la realidad profesional en la que me muevo -en este caso, unas clases de postgrado- otra vez lo he vuelto a sentir. He vuelto a no sentirme a gusto con un grupo de gente joven delante. David suele quejarse mucho, pero quiero pensar que no por ello podemos renunciar a crear necesidades.
En algún otro sitio ya lo he dicho: el mejor predictor de éxito de cualquier cosa que se entrega no está en quien lo ofrece sino en las actitudes de quien lo demanda. Y esto, meridianamente creo, pasa con la información. Me explico.
Si no percibes nada importante alrededor del recurso información, difícilmente vas a percibir que hay algo que te puede aportar personal o profesionalmente. Claro que acudimos a los beneficios de manejar información como recurso que diferencia a quien consigue mejores resultados. Pero no dejan de ser explicaciones teóricas. Cuando volvía en el coche (cada vez me parece un sitio más útil para pensar) pensaba que no son tanto los conceptos como las emociones lo que hacen que alguien consuma con ganas algo. Si queremos que la gente comprenda de qué va esto de gestionr información y por qué es importante dedicarle un tiempo, tenemos que llegar a ella sobre todo emocionalmente.
Me parece que me estoy liando, pero es que cuando después de una clase no te quedas a gusto, te pasan estas cosas. Buscas causas, remedios, relaciones, antecedentes…
No obstante, menos mal que saqué una cosa clara del asunto. En la gestión de la información (y una clase de un postgrado es una experiencia de manejo de información muy especial que algún día quizá me pare a desmenuzar), la clave no está en quien emite sino en quien recibe. ¿Discutible? Vale, pero no hay que olvidar el mismo input de información obtiene muy diferentes resultados en quien lo recibe. Así que mejor le damos vueltas a cómo son esas personas que están enfrente. Tendré que recurrir a los amigos del marketing para recibir un curso acelerado sobre cómo crear necesidades. Lo necesito, valga la redundancia.

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