A medida que tenga ratos voy a ir colocando enlaces a weblogs relacionados con la información, la comunicación y el conocimiento dentro de las organizaciones.
De momento, ya llevo varias veces encontrando cosas muy interesantes en las aportaciones de Aránzazu, desde Pontevedra. Mis respetos.
http://infoempresa.blogspot.com/
Mi amigo Kepa me ha pasado un texto muy interesante sobre la estupidez humana. Indagaré más sobre ello. Hoy, curiosamente, he tenido oportunidad de comentar sobre este tipo de cuestiones con un cliente. Tiene mucha miga el asunto. Iñaki algo tendrá que decir, seguro.
Bueno, ahí va.
Suponemos que la población se distribuye de acuerdo con una campana de Gauss. Y suponemos que esto es así siempre. Claro que se puede criticar, pero la lógica nos dice que las campanas de Gauss son pura estadística, ¿no? Pues bien, ¿qué debe hacer una empresa con las personas que están en la peor parte de la campana de Gauss? Podemos llamarlos perezosos, torpes, ineptos, estúpidos, mala gente. Muchas denominaciones. ¿Qué hacemos?
El otro día ya os dije que oí una conferencia en la que participaba Koldo Saratxaga y se lo volví a oir: no podemos no contar con esa parte de la campana de Gauss. El razonamiento es claro: somos 15 y hay un torpe. ¿Qué pasa si tratamos de sacarlo del campo de juego? Bien, que somos 14… y alguien nuevo pasa entonces a ocupar el cargo oficial de torpe (no me refiero obligatoriamente al gerente). Entonces podemos caer en la tentación de prescindir del más torpe de los 14, sobre todo si tiene contrato eventual, ¿no? De acuerdo, ya somos 13 y… ¿ahora quién es el torpe? Nos miramos y finalmente descubrimos a uno. Ya está, hay que ir a por él. Es mala hierba que no podemos permitir que contamine a otros. Así que somos 12, 11, 10… y llegamos a quedarnos 2, donde uno es el torpe. Eso sí, el listo se va a poner morado a hacer solitarios.
Así que parece que la cuestión es respetar a todos, al que contribuye más y al que contribuye menos. Todos caben, qué estupendo mensaje, ¿no?
Esta película no está basada en hechos reales; se trata de pura ficción.
No sé muy bien cuál es la razón, pero algún día quizá encuentren el gen de la inquietud informativa. Me refiereo a la inquietud por gestionar adecuadamente la información que nos hace falta para existir. David está algo desesperado porque sus alumnos no parecen informativamente inquietos. ¿Por qué se es activo o pasivo respecto a la información? Tendré que darle un par de vueltas en la tesis.
Claro que si no ves para qué te sirve esta inquietud, pues entonces seguro que no lo serás. Por tanto, se me ha ocurrido, hilando con algunos posts anteriores, que una alternativa sería prohibir. Si prohibimos, creamos el deseo. Claro que no parece éticamente aceptable prohibir en nuestros tiempos. ¿O será que la ilegalización conduce a la creación de una identidad cad vez más fuerte?
Tengo que seguir pensando.
Hace poco reivindicabas el valor de la risa para construir una organización sana. Pues bien existe ya una consultora que se dedica a formación y consultoría en la aplicación del humor al trabajo.
www.humorpositivo.com
He asistido hoy a una conferencia sobre experiencias de éxito en la gestión empresarial. Sólo el nombre era ya un éxito. Han hablado referentes del momento. La escena, a falta de maquillaje y sonetos, presentaba a las estrellas de la gestión. Ha sido interesante. Ha sido como un show con hombres (¿por qué siempre hombres y no mujeres?) que mostraban su mejor arte para convencer a las masas. No hay como tener las cosas claras.
He oído cantidad de consejos, muy interesantes y de gran profundidad algunos de ellos. Cada vez que asisto a una sesión me entra diarrea mental. Creo que es un fenómeno que me emociona. Estás en un sitio oyendo a alguien y de repente empiezan las sugerencias. Oigo una cosa y se me ocurren otras cuantas.
Sí, la sesión era sobre experiencias de éxito en la gestión empresarial y yo he rellenado dos hojas con ideas sobre control visual y mantenimiento de 5S digital en una organización. O sea, tocino mezclado con velocidad. Esta enfermedad me resulta un tanto graciosa pero también algo desoncertante. Sobre todo, si alguno de los ponentes ve mis apuntes. Hoy me han surgido estas ideas que he anotado en el papel:
1. Las empresas podrían utilizar los salvapantallas para lanzar mensajes. A fin de cuentas, el gran hermano de Sistemas de Información tiene la sartén por el mango. Siempre pueden aparecer la efigie del gerente sonriéndote para que conozcas su rostro de cerca.
2. Implantar una gestión visual de 5S digital es un reto a la inteligencia. He escrito: “Quitar lo mal es fácil; impulsar lo bueno requiere seducir”.
3. Las normas deberían indicarnos más lo que hay que hacer y no lo que no hay que hacer. Si ha de haber normas, que me miren en positivo, ¿no?
4. La metáfora del árbol (raíces, tronco, frutos…) y, en general, la de la agricultura (sembrar, regar, abonar, esperar, la cosecha viene sola…) me resultan cada vez más atractivas.
5. En las clases que uno imparte tiene que trabajar más el sentido del humor. Si no, el asunto no tiene gracia, ¿no?
En fin, voy a dejarlo, porque quizá desvarío un poco. Sigo encantado con www.liveplasma.com.
En una sesión que me abrió lo suyo estos ojitos que algún día se los tragará la tierra, el archifamoso (ahora que soy blogger, claro) José Luis Orihuela respondió muy bien a una pregunta. Los tiros iban por: ¿no es una amenaza esto de que el gran hermano empresa acceda al rastro digital que vamos dejando?, ¿cómo podemos proteger nuestra intimidad?,¿cómo podemos impedir que alguien vea nuestros correos electrónicos?, ¿cómo es posible que una empresa vea el correo electrónico de cualquiera de nosotros y nos fusile tomando argumentos de lo que decimos y lo que dejamos de decir?
Pues dos cosas. La primera, amig@, estamos en el planeta de las puertas de cristal. Nos van a ver hasta en lo más íntimo. Hay quien lo hace ya por el placer que le ocasiona (¿no es esto exhibicionismo?) y hay a quien le atacas sus principios éticos más básicos cuando hurgas en su intimidad.
Pero hay otra segunda cuestión. Los descerebrados, torpes y cortos de miras (fabricados por el sistema la mayor parte de las veces) hacen evidentes exponencialmente sus desvaríos. Así, cuando a alguien le han despedido pudiera ser que fuera no por usar mal una herramienta, el correo electrónico casi siempre, sino por pertenecer al grupo de los imbéciles. La transparencia hizo el resto. Amig@, si te comportas como un imbécil, alguien lo va a ver en el segundo siguiente.
Todo esto empieza a ser muy raro: ¿todos vamos a ver todo? Entonces, ¿qué conocimiento hay que proteger? Una respuesta que tienta lo suyo es: ninguno. ¿Todo a la plaza pública del mercado de la información? ¿A cómo está hoy el kilo de investigación en estilos de vida?
Hoy lo he vuelto a experimentar: el miedo que hemos provocado en la gente para decidir. Primero, porque en una empresa, sólo han sido unos los que han decidido. Esto trae la sencilla consecuencia de que hemos despersonalizado a la gente. En la mayor parte de las ocasiones han perdido -en el ámbito de trabajo- la capacidad de decidir. Además, en el caso de que lo hagan, mantienen el medio de las represalias si las decisiones no son las correctas.
Pero es que, además, hemos creado ambientes de trabajo donde se ha hecho lo posible para que no haga falta decidir. El sistema asume una buena parte de ineficiencia y convive con ella. El sistema ya sabe que no todos deciden. Hemos puesto poka-yokes, inspecciones de diverso tipo, filtros de todo color y pelaje. Todo para que el humano, que se puede equivocar, no nos derrumbe el tinglado de la satisfacción del cliente.
Decidir es algo que hacemos todos de forma natural ante un montón de situaciones. No es fácil eliminarte la capacidad de decidir. Hacen falta muchos años y una constancia considerable para hacer desaparecer esa capacidad innata.
Aquí nadie tiene la paciencia para esperar a modelos agrícolas de gestión (siembras, creas condiciones, esperas y obtienes resultados). Ni que lo diga Stephen Covey -interesante su concepto de “lídera agricultor” en Preparando el futuro, pp.63-64- ni que lo diga Koldo Saratxaga de Irizar -su huerto de tomates en el libro que ha publicado con Luxio Urgate, Sinfonía o jazz, pp. 97-105- ni que lo diga Hubert Landier -genial comparación entre el cultivo del trigo y el arroz, en Hacia la empresa inteligente, pp.213-215. Aquí hacen falta resultados y si para eso es mejor eliminar tu capacidad de decisión, asunto resuelto.
De ahí que cuando queremos recuperar a los monstruos que hemos creado (perdón, quizá exagero) cuesta tanto. De entrada, por si acaso, una persona “desdecisional” me dirá que no; que, por si acaso, no; luego, ya verá. Son los frutos de una forma de hacer las cosas que ha sido, me temo, demasiado extendida. De ahí que la gente no se fíe, ¿cómo se van a fiar?
Domingo de lluvia. Gran día para tomar rabas después de votar. La memoria no sólo se da como imágenes o palabras: existe la memoria gustativa. Evoco al mismo tiempo los garbanzos con bacalao -garbanzos de vigilia- de mi madre y el taco de bacalao en caldo de garbanzos -una pedantería del Etxanobe.
Tesis, antítesis: ¡síntesis! Pongo música brasileña y dedico un tiempo no contabilizable a inventar el bacalao con garbanzos. Una maravilla. Éxito de crítica y público.
Eso me trae a la memoria el movimiento Slow Food, que lleva desde 1986 tratando de proteger la vida y la gastronomía de la devastación de la fast food y de todo lo fast, en general. Nace en Italia y ahora tiene presencia en más de 100 países. Entre sus actividades se incluyen la conservación de la biodiversidad agrícola, la educación culinaria de la infancia y la protección de las cocinas populares en peligro de extinción.
Tal vez el mundo empresarial no pueda evitar girar cada vez más rápido en el vórtice que le precipita, eternamente, al sumidero; pero nadie nos obliga a vivir así el resto de nuestra vida. Alguien dijo que “prisa es el antónimo de cariño“. Tomaré un segundo plato, postre, café y siesta.
Estoy trabajando con una empresa en la que somos muchos los que vemos que está cambiando en la dirección correcta. Estamos, además, convencidos de que las personas deben tener más capacidad de decidir sobre su propio destino. Esto quiere decir que la “dirección” renuncia activamente al rol prepotente de decidir cómo hay que hacer las cosas. (En este sentido me vienen a la cabeza bastantes cosas de las que tratan Hobest Consultores en su libro “Gestión empresarial y participación de los trabajadores”, cuya introducción puedes descargar aquí). En este proceso, sin embargo, me resultan interesantes algunas dificultades. Allá voy con ellas.
El sistema actúa casi con vida propia. Al tocar algo que afecta a un grupo, inmediatamente se dirige la mirada a la forma en que incide a otro grupo. Nada se puede hacer sin considerar que va a repercutir (sin saber muy bien dónde y con qué intensidad) en otro lado. Esta manifestación del “sistema” está reforzada por una larga historia de anécdotas. Estamos atrapados por el sistema.
Segundo, es realmente difícil desprenderse del hábito de decidir qué debe hacerse. Nos sentimos pagados para ello. Tenemos que decir qué debe hacerse. Y enfrente, casi siempre, nos lo refuerzan: “dime qué hay que fabricar y cómo tengo que hacerlo”. Lo repito, me parece de lo más difícil. Moverse en el filo de la navaja, tratando de movilizar procesos de influencia sutiles, sin dictar nada, es muy complicado.
Tercero, la distribución de tiempos dentro del PDCA ha cambiado. La “P” es importante, pero nos pide cada vez menos tiempo. Tremenda paradoja. Tengo que pensar, pero tengo que hacer. Si me apuras, tengo que hacer y pensar al mismo tiempo. La rapidez es crítica. En este sentido, cada vez es más pecado la parálisis por el análisis. El diagnóstico languidece…o se funde con la acción desde el momento cero.
Por último, hay muy pocas personas con observación global. El desmenuzamiento progresivo de las organizaciones ha generado monstruitos locales. El cliente queda lejos para muchas partes de la empresa. Cada cual, desde su atalaya, observa una parte del campo de batalla. El problema es que muchos no perciben el campo en el que están presentes. Están en él, pero no lo ven. Saben que es su sitio, pero no comprenden la globalidad.
En fin, gracias a estas dificultades, como casi siempre, el proyecto cada vez se pone más interesante.
No sé si me estoy volviendo turulato. Pero cada vez veo más posibilidades a través de las tecnologías de información y comunicación. Creo firmemente que hay una alfabetización básica que no se está consiguiendo. Como personas tenemos la capacidad de crear para el planeta tierra. Bueno, para la parte que accede a Internet. Ya he leído que 2000 millones de personas no tienen electricidad (es un dato, ¿no?) y que un montón de dirigentes aunque la tienen no la usan para fines pacíficos. Echemos una mano.
El blog es otra forma de expresión. Es de la persona, es de una comunidad, ¿será de una empresa?, es de gente que nos miramos al ombligo y es de gente altruista de verdad. Superar las barreras de tiempo y espacio siempre es un deleite (un buen libro, de un tal Robert Johansen, que en su día me gustó). Estas ¿nuevas? formas de comunicación lo son cuando se usan. Y cuando es que hay cientos de miles de blogs funcionando, no cabe duda: esto es una forma más de comunicación entre personas.
La charla tranquila alrededor de una mesa ya sabemos lo que da. Da mucho, pero que mucho. Pero tiene sus límites. La cuestión es que, de repente, empiezas a enredar y ves que en torno a ti puedes participar en miles y miles de conversaciones. La información desborda. Y algunas de ellas, por pura estadística, deben ser interesantes. Quiero encontrar personas preocupadas por las mismas cosas que yo. ¿Dónde están? ¿En torno a un blog? Tengo muchas posibilidades de encontrarlas, por lo de la estadística, ¿no?
A mi amigo Inazio Iribar, director social de Arteche, le oigo mucho una doble expresión para referirse al conocimiento: estabilizado y… el resto. El blog creo que actúa en “el resto”, aunque remita al estabilizado en muchas ocasiones. Ahora mismo estoy en ello, tratando de comprender dinámicas y contenidos. Ya iremos viendo lo que hay por ahí.
En cualquier caso, he de reconocer, que viajando por la blogosfera, me río de vez en cuando lo mío. Y eso me anima. Ya sabéis, la risa como un rasgo de cultura empresarial…, cómo me gustaría hacerlo más a menudo en nuestras preocupadas organizaciones.